Se busca gente ordinaria para hacer un trabajo extraordinario.

Una sociedad no se construye por la acción mesiánica de ningún hombre. Se construye cuando cada hombre y mujer en la vida común, en la cotidianidad de la nación dan lo mejor de sí mismos en su entorno.

Nos encontramos en un momento crucial de nuestra nación, un momento que amerita del trabajo y del esfuerzo de cada venezolano; un momento que supone la mejor actitud de cada uno de nosotros; un momento que exige de nuestro corazón todo el amor por nuestra patria, de nuestras mentes toda la inteligencia y responsabilidad, y de nuestras manos que se entreguen a toda la labor que está por hacerse.

Es claro que necesitamos líderes que vayan a la cabeza de todos los cambios y acciones que vendrán; sin embargo, no son ellos los que tendrán la última palabra, ni
tampoco ellos, los que al final determinarán el camino a seguir. No podemos
seguir pensando que un hombre, o un pequeño grupo nos llevarán del desierto a
la tierra donde fluye leche y miel. Este es un camino que debemos recorrer cada
uno y todos como nación.

Desde las posiciones de liderazgo puede venir la conducción clara y precisa, por esa razón debemos ser muy cuidadosos en nuestra elección. No podemos aventurarnos a probar suerte. Esto es algo que requiere de nuestra inteligencia, de nuestra ética y
del amor que le tengamos a nuestra patria. Sin embargo; de cada uno de nosotros
depende que levantemos el edificio, o que nos quedemos en ruinas. Somos
nosotros los que debemos pegar cada ladrillo.

Una sociedad no se construye por la acción mesiánica de ningún hombre. Se construye cuando cada hombre y mujer en la vida común, en la cotidianidad de la nación dan lo mejor de sí mismos en su entorno. Esto actúa como una onda expansiva generando bien, justicia y solidaridad. Cuando tu y yo somos rectos en nuestro proceder, cuando
el vecino, el amigo y el desconocido son rectos en su proceder, entonces la
rectitud comienza a formar parte de nuestras vidas diarias.

Cuando tu y yo no aceptemos más la extorsión, ni el vecino, ni el amigo, ni el desconocido la acepten, entonces nunca más tendremos que sobornar, cada quién cumplirá su deber y el que no lo haga se encontrará con la ley. Cuando cada padre y madre, maestro, hermano, amigo, abuelo y tío sean testimonio de vidas íntegras y se
conviertan en inspiración para los niños y jóvenes de nuestra nación, entonces
cada nueva generación se levantará sobre un fundamento de verdad, respeto,
justicia y bondad. ¡Columnas muy difíciles de derribar!

Los cambios que necesita nuestra nación no se gestan en el corazón soberbio, ni en la mente distorsionada de un hombre; ni pueden estar amparados bajo el lema de la
muerte. No pueden venir de un grupo que hace exclusión, que manipula el corazón
y lo convierte en esclavo de una adoración que solo produce dolor. Los cambios
no vendrán como por arte de magia, ni serán el resultado de la aplicación de
una fórmula  por parte de unos cuántos. Tampoco resultarán del intercambio dedádivas, ni por prebenda a unos pocos.

Cuando tu y yo entendamos que el camino al cambio debe ser transitado por cada ciudadano.Cuando tu y yo comencemos a hacer nuestro trabajo para nosotros y para nuestra familia bajo la concepción de nación, entonces y solo entonces, nos daremos
cuenta que para construir a Venezuela no se necesita de un
líder mesiánico sino de gente ordinaria, como tu y yo,  que haga un trabajo
extraordinario.

Rosalía Moros de Borregales.

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