La última cuerda.

La última cuerda.
Era una noche de gala en la hermosa ciudad de Viena,
en el auditórium una gran multitud esperaba impacientemente la aparición del
gran virtuoso del que tanto se hablaba por toda Europa. Era considerado un
genio, a los 6 años ya tocaba el violín como un maestro; su cuerpo se movía con
cada nota en una fusión con el instrumento que despertaba la admiración de
todos llenando cada sala donde se presentaba. La orquesta que lo acompañaba
hizo su entrada, la audiencia aplaudió calurosamente, luego entró el director,
la emoción de todos se hizo sentir en un largo y prolongado aplauso. A
continuación, hizo su entrada el genio del violín, la gente lo ovacionó; pero
al colocar el violín sobre su hombro el silencio fue absoluto.
El virtuoso comenzó a tocar, las noticias y
comentarios acerca de su extraordinaria actuación cobraron  vida para
quienes estaban escuchándolo por primera vez. Quienes eran asiduos a sus
conciertos se deleitaban con gran euforia, sus ojos y oídos estaban siendo
testigos de un momento irrepetible en sus vidas. De repente, los ojos del
violinista se abrieron llenos de asombro al comprobar que una de las cuerdas de
su Guarnerius se había roto. Por instantes, hubo gran tensión en medio de la
orquesta, el violinista prosiguió y el director elevó de nuevo su mano para que
toda la orquesta continuara.
Como por un acto milagroso el violín podía escucharse
con más intensidad. El violinista parecía fundido con su instrumento, la cuerda
rota lo había elevado aun más en su ejecución.  En medio del asombro
de toda la audiencia se escuchó un ruido de otra cuerda rota. En esta
oportunidad el director paró inmediatamente; sin embargo, el gran genio ignoró
lo sucedido, en un gesto de valentía sin igual continuó tocando su desgastado
violín. Toda la orquesta quedó atónita, el director asumió el reto dándoles la
señal para volver a unirse al violín, ahora de dos cuerdas. Los sonidos
sublimes llenaban el auditorio ante la mirada perpleja de los asistentes.
Este hecho ya era una historia increíble, pero la
afortunada audiencia de ese día en el concierto estaba a punto de presenciar lo
imposible. ¡Una tercera cuerda se rompió! Todo el auditórium exclamó; hubo
susto, dolor, expectación. Quizá, ahora el concierto sí había llegado a su
final. El director miró al violinista mientras éste continuó sacándole a la
última cuerda que le quedaba a su violín todos los sonidos maravillosos de
aquella pieza, sin que ninguna nota se perdiera entre las cuerdas rotas. La orquesta
embelesada volvió a unirse, las manos del director le guiaron con un ímpetu
nunca antes visto. Todos se acompasaron produciendo majestuosamente sonidos
inolvidables. El gran Nicolo Paganini había alcanzado la gloria con la última
cuerda de su Guarnerios (
De la luthería Guarneri,
del famoso creador Giuseppe Bartolomeo).
Sin duda, una historia que conmueve hasta las
entrañas. Para algunos verdadera, para otros cuestionada. Alrededor de este 
genio del violín se crearon innumerables
leyendas. Lo cierto es que
 no se sabe si a
raíz de este episodio, o como una técnica que había desarrollado a lo largo de
su carrera, Paganini 
era
capaz de interpretar obras de gran dificultad con tan sólo una de las cuatro
cuerdas de su violín; lográndolo con tal excelencia que era percibido como si
varios violines tocaran al mismo tiempo. 
En el camino de la vida hay trechos en los
que las cuerdas de nuestro corazón se van rompiendo una a una ante las
aflicciones. Momentos en los que el mal nos sorprende como una avalancha;
entonces nuestras fuerzas se ven menguadas, las lágrimas cubren nuestro rostro,
se pierde la esperanza. Pero siempre hay una última cuerda que podemos tocar.
¡Dios no se muda, está al alcance de una oración! El puede inspirar en nuestras
vidas nuevos caminos para lograr que el concierto no se detenga. El puede sacar
de nuestros gastados instrumentos la más sublime melodía. El puede renovar
nuestras fuerzas, cambiar el espíritu angustiado por manto de alegría, darnos
una salida. 
¡Cuando sientas que todo esta perdido, no
dejes de tocar la última cuerda! 
Dios siempre te está esperando.
«Estas cosas os he hablado para que en
mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción pero confiad, yo he vencido al
mundo». Juan 16:33
rosymoros@gmail.com
@RosaliaMorosB

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  • Este comentario ha sido eliminado por el autor.

  • La última cuerda de Paganini… hermoso relato de una agradable joven señora Rosalía Moros de Borregales que escribe con una tónica de prefacios y arpegios… sus escritos son una antesala a un trasfondo importante que debes tomar en cuenta y lo escribe con una armonía tal cual como lo hace Paganini, para llevar a cabo una hermosa melodía…

    Con respeto a su escrito y su mensaje, quiero agregar como un compendio a su agradable mensaje, de meter a Dios en todos tus asuntos… por ello:

    La esperanza… viene de Dios, una verdad y realidad de esto… "Es lo último que se pierde… inclusive, en ese último escalón, aparece cuando menos uno lo espera y se cumple el decir…" soy hombre de oración, y tuve el privilegio que Dios me mostrara la liberación de nuestro país, está cerca… Este mal, se hace necesario y es lo que hará que la mentalidad y la conciencia del venezolano cambie como debe ser en todo el sentido profundo de lo que esto significa. La política es sucia, pero puede depurarse y está en nosotros… yo entré a incursionar en este medio, porque el gran decir: si los que saben conforme al bien, no hacen nada… (Aun cuando esto tiene su razón) entonces las cosas inclusive pueden seguir peor. Por esta razón elegí entrar con la convicción de que Dios intervendrá conforme a su designio…. En las controversias, el agradable ánimo que uno posee, no debe decaer…ni se debe bajar la guardia. Cuando a mí me sucede algo así, solo lo medito, lo pongo en manos de la virgen y lo guardo en mi corazón… La esperanza siempre está presente… está cerca, porque Dios la mantiene. Dios, te bendiga.

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