Hoy me siento triste, quizá hoy es uno de esos días en que
tenemos mil preguntas sin respuestas. Un día en el que nos despedimos
forzadamente de un ser humano que iluminó nuestra vida. La muerte es tan
segura, tan común, tan inevitable; sin embargo, cuando llega nos hiere tanto,
nos plantea profundas interrogantes, nos muestra una nueva perspectiva de la
vida. Nos saca de lo efímero para colocarnos ante lo realmente importante y
trascendente.

Ante este enorme sentimiento, ante todas mis inquietudes bañadas
de tristeza elevo mi corazón al Señor. En mis lecturas del Evangelio me
encuentro con la reacción de Jesús de Nazaret cuando supo la noticia de la
muerte de su primo y amigo Juan, el que lo había bautizado en el Jordán. Dicen las
Sagradas Escrituras que al enterarse Jesús de la noticia se apartó solo, en una
barca, a un lugar desierto (Mateo 14:1-14). Una reacción profundamente humana
en un ser verdaderamente divino. Recordando a mi amigo, me hago de nuevo su
pregunta: ¿Quién es Jesús de Nazaret?

Los pasajes a continuación me dan la más contundente respuesta.
Lo primero que me dice el Evangelio es que después de regresar de ese tiempo de
soledad, Jesús vio a una gran multitud que le buscaba; entonces, tuvo compasión
de ellos, sanó a los que estaban enfermos, para luego, con tan solo cinco panes
y dos peces, alimentar a más de cinco mil. Probablemente, viendo a sus
discípulos exhaustos, después de la repartición, les manda a ir al otro lado de
la ribera. Pero él se queda, despide a la multitud y se va al monte a orar.

Continúo leyendo lo que sucedió después. Entonces, una vez más
en mi vida siento esa presencia sublime que me consuela, que me conforta, que
me enseña. Es el pasaje que narra cuando Jesús y Pedro caminan sobre el mar. Los
discípulos habían estado luchando con una gran tormenta, Jesús se dirige hacia
ellos, pero ellos piensan que es un fantasma y gritan de miedo. Entonces, Jesús
les responde con tres frases que siento que nos hablan en medio de cualquier
circunstancia: ¡Tened ánimo! Soy yo. No temáis.

Pedro, inspirado quiso comprobar su identidad y le pide: Señor,
si eres Tú manda que yo vaya a ti sobre las aguas (Mateo 14:22-32). Ante la
mirada perpleja de todos sus compañeros, Pedro se levanta en fe, comienza a
andar sobre las aguas; luego, al sentir el fuerte viento, la duda lo embarga.
Por último, se deja sucumbir por el miedo y comienza a hundirse. Entonces
grita: ¡Señor, sálvame! Jesús extiende su mano y sostiene a Pedro, un hombre
que se deja asaltar por la duda, un hombre de poca fe. Pero cuánto admiro a
Pedro, cuánto deseo ser como él para darle siempre una oportunidad a mi fe,
para ver al Señor extendiéndome su mano en los momentos más oscuros, cuando la
duda y el temor me hagan sucumbir.

Al momento de subir a la barca la humanidad de aquellos
pescadores ya había recibido la revelación de la divinidad de Jesús. El viento
se calma proveyendo una prueba más. Inmediatamente, se acercan a Él, caen sobre
sus rodillas y lo adoran diciendo: Verdaderamente eres hijo de Dios.
Finalmente, los discípulos supieron quién era Jesús de Nazaret. ¡Ellos estaban
en la presencia del Hijo de Dios! Aunque habían presenciado la alimentación de
los cinco mil, habían sido testigos de milagros y toda clase de sanidades,
todavía no habían entendido quién era realmente este hombre. En la suave luz de
la incipiente aurora, ellos piensan que es un fantasma. Pero, tras un
despliegue de escenas inimaginables comprueban su verdadera identidad.

Al llegar al otro lado de la orilla mucha gente reconoció a
Jesús. Lo veían como un maestro, como un sanador, como un hacedor de milagros,
pero no lograron identificarlo como lo hicieron los discípulos, como el Hijo de
Dios. Ellos solo pensaban en la ayuda que Él podía darles, pero nunca pensaron
que Él estaba en medio de ellos para salvarles. Al hacerse esa pregunta: ¿Quién
es Jesús de Nazaret? Mi amigo comprendió que más allá del maestro, más allá del
sanador, ese Jesús era el Mesías, su salvador, el salvador del mundo.

«¡Tened ánimo! Soy yo. No temáis». Mateo 14:27b.

Rosalía Moros de Borregales
rosymoros@gmail.com
@RosaliaMorosB
IG:@letras_con_corazon
FB: Letras con corazón
#reflexionesparavenezuela


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