Benditas mis manos.

¡Benditas mis manos!

Benditas mis manos gorditas y chiquitas que enternecieron a mis padres al nacer.
Benditas mis manos que mi madre lavó antes de comer; benditas mis manos que mi padre tomó al cruzar la calle para que no tuviera nada que temer.
Bendita mi mano que mi maestra enseñó a hacer la o redonda, la m de mamá y la a con un rabito.
Bendita mi mano que  escribió cuentos; tomó los colores y dibujó los personajes de la historia.
Benditas mis manos que aprendieron a trabajar; que se entrelazaron con las manos de mis hermanos para jugar.
Benditas mis manos que acariciaron a mis hijos al nacer; benditas mis manos que les dieron de comer.
Benditas mis manos laboriosas que construyeron un hogar; que cortaron la cebolla, que lustraron los muebles, que barrieron el polvo y restregaron la mancha en la camisa.
Benditas mis manos que un día levantaron a mis brazos hacia el Cielo en la búsqueda de Dios. Benditas mis manos porque ellas alaban siempre al Señor.
Bendita mi mano que escribe la letra de mi corazón; benditas mis manos que trabajan con pasión; bendita mi mano que corrige exámenes y da la lección.
Benditas las manos de mi madre que me bendijeron la vida con su quehacer; que con sus caricias entretejieron la obra del amor en mi ser.
Benditas las manos de mi padre que me corrigieron al crecer; que trabajaron arduamente en el campo; benditas las manos de mi padre que trajeron el pan a nuestra mesa, que me guiaron al crecer.
Benditas las manos de mi esposo el cirujano, que han aliviado tanto dolor. Benditas sus manos que laboriosas construyeron nuestro destino; benditas sus manos que me han acariciado tantas veces, que han consolado mi alma y le han dado placer a mi piel.
Benditas las manos de mis hijos que siguiendo el camino de las manos de su padre, incansablemente trabajan para labrarse un futuro, para construir una familia.
Benditas las manos de mi abuela que acariciaron mi frente y me enseñaron a coser.
Benditas las manos de mi abuelo, que un día tomaron mi rostro y mirándome a los ojos me dieron la bendición.
Benditas las manos que sanan, que acarian; las manos que escriben la verdad; las manos que tocan la música que deleita a nuestros oídos. Benditas las manos que muestran el arte de las mentes de los hombres.
Benditas las manos de los que construyen una nación.
Benditas las manos de Cristo que traspasadas por los clavos nos mostraron su amor.
Benditas mis manos, diseño perfecto del Creador.

Rosalía Moros de Borregales.

Video con audio de la poesía

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