Ser contigo.

Nunca antes en la historia de
la humanidad habíamos tenido tanto acceso a la información como en el día de
hoy; además, nunca antes habíamos estado tan conectados como lo estamos desde
que aparecieron las llamadas redes sociales (RRSS); las cuales, sin duda, han
tenido un impacto trascendental en la vida de la sociedad del siglo XXI. Prácticamente,
todas las áreas del quehacer humano han dado un vuelco vertiginoso con el uso
de las RRSS, desde la manera de informar, educar, entretener, trabajar,
comunicar hasta la manera de relacionarse con otros. Sin embargo, esta
autopista informática de alta velocidad ha traído consigo grandes retos, cuya
conquista determinará en gran medida nuestro ser. 
Cuando hablamos de ser lo hacemos con referencia a lo
intrínseco del ser interior en su
dimensión psicológica y espiritual; pues, desde el punto de vista filosófico
podríamos dar un largo paseo en el significado de este concepto. Desde
Parménides en el siglo VI a.C, quien lo desarrolló tanto en el orden ideal como
material, atribuyéndole a cada individuo la noción de ser único, homogéneo,
infinito e inmutable; hasta el rechazo más tarde, por la filosofía
contemporánea, y el rescate del olvido por parte del filósofo alemán Martin
Heidegger, quien lo consideró la piedra angular para la comprensión de la
existencia humana.
También, me gusta considerar
la noción de ser desde el punto de
vista lingüístico, con la expresión de su significado en nuestra generosa lengua
castellana. Por ejemplo, de la experiencia de la enseñanza del español a
personas de habla inglesa, se sabe que se presenta un gran conflicto en la
comprensión de la correspondencia de dos verbos en español, ser y estar,
con un único verbo en Inglés, to be. A este respecto, una de las claves
para el uso correcto del verbo ser
es aplicar el concepto de permanencia; ya que son las características de
permanencia a largo plazo, a las que se les atribuye el verbo ser, como el sexo, la nacionalidad, los
vínculos consanguíneos, la religión, etc.
Desde el punto de vista de la
psicología, el ser humano posee la capacidad intrínseca para el
aprendizaje; a través de la consciencia formada por el aprendizaje, el ser adquiere la capacidad de la
valoración, la cual le permite vivir en una dimensión más allá de los estímulos
de las emociones primarias como el dolor, el placer y el miedo. Por medio de
esta capacidad de valorar o discernir podemos establecer relaciones,
planificar, evaluar posibilidades, actuar y sentir. La valoración de la
dimensión consciente del ser humano,
nos permite ver a otros como iguales a nosotros, con pensamientos y
sentimientos, con estrategias, actos e intenciones que nos permiten establecer diferentes
formas de comunicación y vínculos que nos unen de diversas maneras.
Desde la dimensión espiritual,
todos como seres humanos, somos
únicos, hechos a semejanza de Dios, Imago
Dei
, distinguidos entre toda la creación por la capacidad del habla, la
cual sin duda, estableció al ser
humano en un lugar de honor en la creación; pues, el lenguaje lo eleva a esa
condición de semejanza y, al mismo tiempo de relación del mismo Dios, porque
desde el principio Dios habló en plural: _Hagamos al hombre. Luego, desde la
cosmovisión cristiana, Jesús de Nazaret, como persona, nos ratifica que el ser es relación. Todo su ministerio
estuvo basado en su relación con el Padre y su relación con sus discípulos; igualmente,
de su relación con todos aquellos que sanó, enseñó, alimentó y también a los
que exhortó.
En definitiva, al ver de una
manera muy fugaz y somera la dimensión del ser,
podríamos concluir que está caracterizada fundamentalmente por la capacidad
humana de relacionarse, de establecer vínculos. Las RRSS nos hacen sentir en un
primer acercamiento, precisamente de esa manera; nos hacen percibir que estamos
estableciendo vínculos, pues nos permiten valorar una relación y, esta idea es
simplemente fascinante. Sin embargo, como muchas cosas en la vida y en el
mundo, su gestión y, por consiguiente, su efecto en nuestras vidas, va a
depender del conocimiento de su función e intención y, obviamente, del
equilibrio que ejerzamos en su uso.
Si nos atrevemos a
profundizar en toda la estrategia que está detrás de la creación de las RRSS,
podremos conocer hechos que nos permitirían establecer límites inteligentes a su
uso de manera personal. También, estableceríamos estrategias específicas para
nuestros hijos. Los llevaríamos al mundo del exceso de información con una
adecuada formación. Les enseñaríamos que de la misma manera que el fuego puede
ser muy útil, de acuerdo al uso que hagamos de él, podría llegar a ser muy
peligroso y hasta letal. Así sucede con este maravilloso mundo digital.
Los psiquiatras señalan que
las RRSS trabajan con la gestión de la atención primaria del ser humano: luz,
color y movimiento. Los tres estímulos primarios para un bebé. Del mismo modo, estas
redes están absolutamente diseñadas para producir en el cerebro chispazos
constantes de dopamina, la substancia que produce esa sensación de felicidad
inmediata. Por esa sencilla razón, a través de las RRSS somos todos vulnerables
al engaño, diseñado de las maneras más coloridas y luminosas. Los creadores de
la mayoría de ellas envían a sus hijos a colegios en los que los teléfonos
inteligentes, computadoras y tabletas no están permitidos.
Desde hace rato, los
profesionales de la salud mental están tratando la ansiedad causada por las
RRSS. Asimismo, el síndrome de abstinencia cuando se restringe su uso, tal y
como sucede con cualquier otro tipo de adicción. Mientras unos están
hipnotizados en sus Smart phones, adictos a lo efímero y trivial, otros están
haciendo uso de estrategias que convierten a los usuarios en adictos a lo
superficial, a la híper-estimulación y a la gratificación instantánea. Sin ni
siquiera nombrar todo lo que sucede en el cerebro con sus repercusiones tan
negativas en el proceso de concentración.
Lo irónico de estar
conectados a través de estas redes, sin un criterio claro, es que nos conectan
con el que está lejos, eso me encanta, pero nos desconectan del que está cercano.
Nos abstraen del ser, de la relación
real, interponiendo una barrera de separación en la expresión del amor entre
nosotros y aquellos que están a nuestro lado; porque si no tomas la decisión de
no hacerlo, lo llevas a todas partes contigo. Interrumpen momentos hermosos de
familia, desvían tu atención de lo trascendente a lo frívolo, de lo profundo a
lo banal; te alejan del hoy con sus posibilidades en el trabajo, los estudios y
la creatividad, destruyen la espontaneidad en las conversaciones, limitan la
expresión en los gestos y las miradas profundas.
Es muy triste pensar que los
grupos de conversación, los tan conocidos chats, se han convertido en
carteleras virtuales en los que cada quien pasa y pega algo, muchas veces sin
saludar, sin hacer una introducción a eso que está dejando allí. Después de un
tiempo, uno se da cuenta que el chat va como un barco a la deriva, sin brújula,
sin norte, sin un propósito definido que enriquezca de alguna manera nuestras
vidas. Hay otros chats que producen una inmensa sensación de soledad, de vacío
y sobre todo de perdida de tiempo. Noticias falsas, noticias viejas, cientos de
muñequitos que expresan muchos, ciertamente, sentimientos bonitos, pero que
parecieran ser parte de esa muralla de estar conectados digitalmente pero no
emocional y espiritualmente.
En este tiempo de cuarentena
prolongada las RRSS han sido, son y seguirán siendo herramientas maravillosas
para conectarnos, para establecer vínculos, para darnos verdaderos abrazos del
alma. Todo depende del uso que le demos. Como lo mencioné anteriormente, así
como el fuego, así son estos medios digitales; puedes hacer la más hermosa
fogata a la orilla de la playa para pasar un tiempo de comunicación real con
tus seres amados, o puedes quemar las relaciones más importantes de tu vida por
no “ser conmigo”.
“Así que tengan cuidado de su manera de
vivir. No vivan como necios, sino como sabios, aprovechando
al máximo cada momento oportuno, porque los días son malos”. 

Efesios 5: 15-16.
Rosalía Moros de Borregales.
Twitter: @RosaliaMorosB
Instagram: @letras_con_corazón

    

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