Sabiduría en tiempos de crisis.

Estamos viviendo tiempos que ameritan de nuestra parte el proceder más sabio posible, acompañado de esa actitud tan importante de paz que hemos expuesto anteriormente. La sabiduría es uno de los principios fundamentales del cristianismo para vencer al mal en todas sus formas. Desde el punto de vista humano es definida por el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (DRAE) como “el grado más alto del conocimiento”. También, “como la conducta prudente en la vida o en los negocios”. Dos definiciones que se complementan, puesto que el conocimiento sin la prudencia, sin esa actitud de templanza, de sobriedad y continencia no tiene mas que un valor intelectual.

Por lo tanto, el poseer ese alto grado de conocimiento en un tema específico hace sabio a quien lo posee desde el punto de vista de la sapiencia en cuanto al tema. Pero, nuestro propósito de hoy es poder disertar acerca de la sabiduría como virtud. Por esa razón, consideramos que el conocimiento es esencial, necesario e ineludible; pero, necesita ser fundamentado y acompañado por el bien, la bondad, para que adquiera la categoría de virtud. La sabiduría como virtud es imperante en el mundo actual y en nuestra Venezuela, donde parece que el discernimiento sencillamente no existe en muchos a la hora de tomar decisiones. Y lo más doloroso es que esas decisiones tienen consecuencias en el colectivo. 

La sabiduría se desarrolla con el tiempo, a partir de las experiencias propias, de la observación de las ajenas y la reflexión sobre los acontecimientos de vida y las actitudes de las personas. Se trata del aprendizaje que suscitan las experiencias. Se trata de no caer en el mismo hueco la segunda vez que se transita el mismo camino u otro parecido. La sabiduría dota al individuo de un mayor entendimiento y profundidad en el conocimiento sobre las reacciones humanas. Además, proporciona al individuo herramientas para el acertado discernimiento entre aquello que es bueno y lo que no; lo que es correcto y lo que no es. 

Quien actúa con sabiduría es motivado por el bien, es prudente, valora la paz, la promueve y la preserva. Sabe que la contienda, la ira y el odio solo nublan el pensamiento, endurecen el corazón y enceguecen el juicio. Por esto, la sabiduría está dotada de un profundo sentido espiritual y moral; su valor radica en que quien actúa con sabiduría está siempre guiado por el bien. No el interés propio, sino el bien que como una onda expansiva se extiende mas allá del aquí y el ahora y de los presentes. Alcanzando a muchos por mucho tiempo.

Según la psicología la sabiduría es la habilidad para la elección acertada de las metas por las que se debe luchar. La sabiduría es la que diseña la estrategia. El sabio es aquel que se esmera en hacer las cosas correctamente. La inteligencia, en cambio está más relacionada con la táctica para ser eficiente en lo que se hace. El sabio siempre tiene como norte la bondad. Por esa razón, necesitamos más sabios, necesitamos más bondad, necesitamos virtud.

Desde la perspectiva cristiana, es necesario comprender que la sabiduría es un principio. Un principio constituye un conjunto de normas que al ser cumplidas permiten que un sistema funcione; entonces, de este concepto de principio podemos comprender que la sabiduría es el primer principio que Dios creó. Todo fue hecho en base a la sabiduría de Dios. Y como principio es un conjunto de normas o leyes que al cumplirse determinan el orden, la armonía y el fluir del sistema de la creación. A través de la sabiduría Dios creó el Universo, y la sabiduría con la que Dios creó el Universo no es más que el conocimiento profundo de Dios como creador. El Universo es regido por el principio de la sabiduría, por leyes que mantienen todo el sistema en funcionamiento.

El apóstol Pablo exclamó en su carta a los Romanos: “¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero?¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén”. Romanos 11:33-36. A través de estos versos Pablo expresa su admiración por las riquezas de la sabiduría de Dios, un cúmulo de conocimientos que son insondables e inescrutables; es decir, que no se puede llegar a encontrar su fondo y que es imposible averiguar profundamente. 

Expresado por muchos estudiosos y científicos que dedicaron sus vidas a descubrir las maravillas del Universo; quienes pensaron que tan solo habían tocado sutilmente la superficie de todos los secretos, misterios y enigmas que encierra la creación, desde una célula hasta las galaxias.

Newton (1643- 1727) fundador de la física teórica clásica:

“Lo que sabemos es una gota, lo que ignoramos un inmenso océano”. 

“La admirable disposición y armonía del universo, no ha podido sino salir del plan de un Ser omnisciente y omnipotente”.

Edison (1847- 1931) , el inventor más fecundo, 1200 patentes:

Mi máximo respeto y mi máxima admiración a todos los ingenieros, especialmente al mayor de todos ellos: Dios”.

Ampere (1775- 1836), descubrió la ley fundamental de la corriente eléctrica:  

“!Cuan grande es Dios, y nuestra ciencia una nonada!”

El opuesto de la sabiduría es la necedad. Los opuestos nos ayudan a hacer más específica una definición. La necedad se entiende como la cualidad del hombre necio. El hombre necio es el ignorante, el que carece del conocimiento del saber obrar con verdad y bondad. Es terco en lo que hace, no escucha el consejo, no entiende de razón. Como dice el proverbio: “El camino del necio es derecho en su opinión; mas el que obedece al consejo es sabio”.

¿Cómo podemos adquirir la sabiduría? Las Sagradas escrituras revelan el secreto o la clave para adquirir la sabiduría. Otro proverbio de Salomón dice: “El temor del Señor es el principio de la sabiduría y el conocimiento del Altísimo es la inteligencia”. Proverbios 9:10. Muchos se espantan ante la palabra “temor” en este contexto; sin embargo, en la Biblia hay una clara diferencia entre el significado del temor y del miedo. Temor en esta instancia quiere decir, respeto, reverencia, admiración, rendición y obediencia. Es el temer vivir alejado, precisamente del conocimiento que lo alcanza todo; alejados de su gracia y de su amor. En fin, temor de no contar con su bendición por caminar a espaldas de su Palabra.

¿Cuál es la diferencia entre la sabiduría humana y la sabiduría divina? El apóstol Santiago nos explica en su epístola: “Si entre ustedes hay alguno sabio y entendido, que lo demuestre con su buena conducta, con la humildad que su sabiduría le da. Pero si ustedes dejan que la envidia les amargue el corazón, y hacen las cosas por rivalidad, entonces no tienen de qué enorgullecerse y están faltando a la verdad. Porque esta sabiduría no es la que viene de Dios, sino que es sabiduría de este mundo, de la mente humana y del diablo mismo. Donde hay envidias y rivalidades, hay también desorden y toda clase de maldad; pero los que tienen la sabiduría que viene de Dios, llevan ante todo una vida pura; además, son pacíficos, bondadosos y dóciles. Son también compasivos, sinceros y hacen el bien”. (3:15-17)

Una diferenciación clara y precisa. Un parámetro para discernir las actitudes de los hombres y el camino a elegir. Para comprender como estamos actuando y en quienes estamos poniendo nuestra confianza.

Sabiduría ante todo; adquiere sabiduría;

Y sobre todas tus posesiones adquiere inteligencia.

Engrandécela, y ella te engrandecerá;

Ella te honrará, cuando tú la hayas abrazado.

Adorno de gracia dará a tu cabeza;

Corona de hermosura te entregará.

Proverbios 4:7-9.

Rosalía Moros de Borregales.

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