Todos los procesos de la naturaleza se llevan a cabo en tiempos establecidos, caracterizados por etapas precisas que se suceden sabiamente una tras otra, para crear circunstancias, seres y fenómenos concretos. Basta con observar todas las expresiones de la naturaleza que nos rodean, para darnos cuenta que desde lo más sencillo hasta lo más complejo es el resultado de un proceso, en el cual la palabra apuro no tiene cabida.

Cuando pensamos en algo tan natural, tan común, que damos por sentado, como la concepción y gestación de un ser humano, nos encontramos con un intrincado proceso que comienza con la unión de dos células las cuales se multiplican millones de veces formando, tejidos, órganos y sistemas. Un proceso, cuyo diseño está perfectamente estructurado, paso a paso, para realizarse en un tiempo determinado, que termina exhibiendo la belleza de un ser capaz de despertar los más nobles sentimientos.

De la misma manera, cada especie tiene su tiempo de gestación. Un elefante tarda 22 meses, una girafa 15, un rinoceronte 18. Por otra parte, el periódo de gestación de un perro es entre 58-68 días. El de un tigre es entre 93-112 días, y el de un gato es de 65. Así también, cada semilla tiene su tiempo y proceso específico para producir el fruto inherente. Todo en la naturaleza se produce como resultado de un proceso implícito, propio de cada especie y sistema, que concierne tiempos específicos.

Cuando hablamos de paciencia notamos inmediatamente el aburrimiento y la fatiga que produce este tema; sin embargo, todos, de alguna manera pasamos por el tamiz de la paciencia a lo largo de la vida. Ignorar los procesos intrínsecos del alma en el ejercicio de la paciencia, no evitará, de ninguna manera, que pasemos, una y otra vez, por circunstancias externas e internas destinadas a enseñarnos. Después de todo, la vida es aprendizaje. La palabra usada en el griego para la “paciencia” es Hupomone la cual es traducida también, según su contexto, como resistencia o perseverancia. Hoy en día, podríamos relacionarla con resiliencia.

La palabra Hupomone describe la fuerza interior que nace de una relación de comunión con el Creador. Aquel que ha gustado de la bondad del Señor en su vida es capaz de mirar más allá de las circunstancias, reconoce la omnipotencia de Dios, no tiene la actitud de tristeza profunda de quien se resigna, sino la actitud de la esperanza mostrada en un espíritu luchador que vive la adversidad como el que siempre ve la luz al final del túnel.

Lo más inspirador del significado de este vocablo griego (hupomone), usado tantas veces por el apóstol Pablo, es que constituye el fundamento de toda acción de justicia; pues las injusticias son el producto del querer egoísta de obtener algo de la vida, sin esperar el proceso predeterminado para que llegue a nuestro destino. La virtud de hupomone capacita al ser humano para practicar la paz donde hay guerra, mantener la calma en medio de la tormenta, confiar en la Providencia al ser víctima de un complot. A través de esta virtud valoramos a nuestros semejantes a través del sacrificio de Cristo en la Cruz, entendiendo que El no vino al mundo para condenarlo sino para que todo hombre sea salvo por medio de El. En otras palabras, Dios da oportunidad a todos.

La paciencia produce en nosotros la certeza de la autonomía de Dios, nos da la convicción de que los ojos del Señor están sobre la tierra, y que El pesa el corazón de cada ser humano y juzga sus actos. Cuando alguien ha desarrollado la virtud de hupomone tiene la valentía de caminar con la cabeza erguida; hay un coraje en su actitud, el cual no está fundamentado en su propia fuerza humana, sino en la fuerza de su fe, que le hace poner su mirada en Dios, y esperar en El. Quien ha experimentado el amor de Dios en los diferentes menesteres de la vida es capaz de esperar pacientemente en el proceso hasta el momento preciso de la consolidación.

Cuando Jesús fue interpelado por los fariseos siempre tuvo una respuesta cabal para expresar su razón, mas nunca propició la guerra. Al darle respuesta a Anás, una de las autoridades religiosas de la época, un soldado le propinó una bofetada a lo que Jesús le respondió: _ Si he hablado mal, testifica en qué está el mal; pero si bien, ¿por qué me golpeas? Más tarde, cuando Pilatos le increpa, reconoce que es Dios quien le ha dado esa autoridad al gobernador romano de Judea: _ Ninguna autoridad tendrías contra mi si no te fuere dada de arriba; por tanto, el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene.

Así, cuando nuestra valía está fundamentada en quién somos para Dios y no en el concepto en el cual los hombres puedan circunscribirnos, hupomone se hace palpable en nuestro carácter. Cuando comprendemos que Dios está por encima de cualquier circunstancia podemos resistir al mal sin ser vencidos por él. Podemos perseverar en sembrar la semilla del bien porque no viene de nosotros sino de Dios en nosotros. Podemos tener la certeza de que nuestra paciencia está fundada en la confianza de hijos que esperan lo mejor de su Padre.

“El que es paciente muestra gran discernimiento; el que es agresivo muestra mucha insensatez.” Proverbios 14:29 NVI.

“Alégrense en la esperanza, muestren paciencia en el sufrimiento, perseveren en la oración.”
Romanos 12:12 NVI.

Rosalía Moros de Borregales.

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