Al tratar de definir la palabra sabiduría hay un océano de explicaciones que podemos encontrar. Conceptos claros y precisos desde el seno de diversas ciencias, diferentes perspectivas e ideologías. Sin embargo, qué es y en qué consiste la sabiduría a la que toda persona debería aspirar para conducirse en la vida de tal manera que pueda alcanzar la paz, evitando todo el mal posible. La Real Academia de la lengua española nos provee tres acepciones sobre la sabiduría, a saber: primero, el grado más alto del conocimiento. Segundo, la prudencia en la manera de conducirnos en los negocios de la vida. Tercero, el conocimiento profundo en alguna ciencia, en las letras o en el arte.

En nuestra lengua castellana el origen de la palabra sabiduría proviene del verbo latino Sapere, que significa tener inteligencia y al mismo tiempo buen gusto; ya que sapere da origen a los pares tanto ‘saber, sabio’ como a ‘sabor, sabroso’. Se relaciona con la raíz indoeuropea sap que denota la idea de ‘degustar’, de ‘percepción sobre algo’.  También del nombre en latín Sapientia. En la filosofía helenística la palabra sabiduría es sophia, refiriéndose a una divinidad femenina. Según ellos, sabiduría mostrada en los hechos tangibles de la naturaleza.

En la antigua Constantinopla, actual Turquía, se edificó la imponente Catedral de Sofía, ícono del imperio bizantino, actualmente un museo, la cual exhibió un gran despliegue de la sabiduría y grandeza de dicho imperio. Posteriormente, muchos consideraron que fue dedicada a una santa llamada Sofía; no obstante, los eruditos de la Historia explican que Sofía quiere decir santa sabiduría, lo cual es una manera de describir a Dios, a quien fue dedicado este duomo originalmente.

El libro de Proverbios en la Biblia, escrito por el rey Salomón, comienza exponiendo que ha sido escrito con el propósito de entender sabiduría, de conocer razones prudentes, de dar sagacidad a los simples e inteligencia y cordura a los jóvenes; de aumentar el saber y adquirir consejo. En el verso 7 nos explica que el principio de la sabiduría es el temor a Dios. Otras versiones traducen que la sabiduría comienza con la honra a Dios; lo cual es una explicación de lo que significa el temor a Dios. Pues, temer a Dios implica darle honor mediante el cumplimiento de sus mandamientos, enaltecer su nombre con nuestro proceder.

Al contrario del miedo que nos enferma y paraliza, el temor nos ayuda a prevenir el mal. El temor es definido como: «Una pasión del ánimo que hace huir o rehusar aquello que se considera dañino, arriesgado o peligroso». Sentimos miedo cuando nos encontramos bajo amenaza, cuando el peligro nos acecha. En cambio, sentimos temor cuando el discernimiento con el cual hemos sido dotados nos hace advertir el mal, reconocer lo deshonesto, dándonos la capacidad para rehusarlo y la agudeza para tomar otra decisión, elegir otro camino. ¡No es una tarea fácil! Como todas las cosas trascendentes e importantes de la vida, requiere el esfuerzo de nuestra voluntad para entablar una amistad con Dios, para conocerle cada vez más a través de la oración y el conocimiento de Su Palabra.

Más allá de cultivar el temor, ese ser prevenidos, ese anticiparnos a los eventos y circunstancias para protegernos, debemos cultivar el «temor a Dios». Con pasión decidir caminar en su presencia, huir del mal, de todo aquello que comprometa nuestra alma arriesgando la integridad moral de nuestro ser. Temer el caminar lejos de su presencia y protección. Temer a Dios es dar el primer paso para adentrarnos en la sabiduría, para ser bendecidos con el tesoro inmensurable del conocimiento de Dios.

Todo el libro de Proverbios es sabiduría pura, hay consejos para los jóvenes, los adultos y los ancianos. Nos instruye acerca del uso del dinero, de cómo tener éxito en nuestras relaciones interpersonales. Si quieres un buen matrimonio te enseña a saber elegir a la mujer o al hombre idóneo. Describe minuciosamente la personalidad del hombre engañador, al mismo tiempo que advierte detalladamente de las artimañas de la mujer sin escrúpulos. Habla de la relación de los padres con los hijos, de la honra de los hijos hacia los padres. Insiste constantemente sobre el fin de aquellos que obstinadamente deciden persistir en el mal, en oposición al final de aquellos que escuchan sus consejos, los que obran de acuerdo a su reprensión.

Solo dar un vistazo a algunos versos para comprender el fin de la insensatez y la bendición de la sabiduría. Por ejemplo: “¿Hasta cuándo, oh simples, amaréis la simpleza, los burladores desearán el burlar, y los insensatos aborrecerán la ciencia? Volveos a mi reprensión; he aquí yo derramaré mi espíritu sobre vosotros, y os haré saber mis palabras”. Prov. 1:22. “Aborrecieron la sabiduría, y no escogieron el temor del Señor. Por tanto, comerán del fruto de su camino, y serán hastiados de sus propios consejos. Porque el desvío de los ignorantes los matará, y la prosperidad de los necios los aniquilará. Mas el que me oyere, habitará confiadamente y vivirá tranquilo, sin temor del mal”. Prov. 1:29-33.

Al pasar la página, el capítulo 2 nos captura el corazón. Cada palabra está impregnada del amor de Dios. Es una invitación de un padre a un hijo. Es la invitación de Dios para ti y para mi, para todos los que a Él quieran acercarse: “Hijo mío, si haces tuyas mis palabras y atesoras mis mandamientos; si tu oído inclinas hacia la sabiduría y de corazón te entregas a la inteligencia; si llamas a la inteligencia y pides discernimiento; si la buscas como a la plata, como a un tesoro escondido, entonces comprenderás el temor del Señor y hallarás el conocimiento de Dios. Porque el Señor da sabiduría; conocimiento y ciencia brotan de sus labios. Él reserva su ayuda para la gente íntegra. Él cuida el sendero de los justos y protege el camino de sus fieles.Entonces comprenderás la justicia y el derecho, la equidad y todo buen camino; la sabiduría vendrá a tu corazón, y el conocimiento te endulzará la vida”. Prov. 2:1-10.

El profeta Isaías nos insta a pensar acerca de la grandeza de la sabiduría de Dios como Creador: “¿Quién ha medido las aguas con la palma de su mano, y abarcado entre sus dedos la extensión de los cielos?¿Quién metió en una medida el polvo de la tierra?¿Quién pesó en una balanza las montañas y los cerros?¿Quién puede medir el alcance del espíritu del Señor, o quién puede servirle de consejero?¿A quién consultó el Señor para ilustrarse y quién le enseñó el camino de la justicia?¿Quién le impartió conocimiento o le hizo conocer la senda de la inteligencia?” Isaías 40:12-14. “Alcen los ojos y miren a los cielos: ¿Quién ha creado todo esto? El que ordena la multitud de estrellas una por una, y llama a cada una por su nombre.¡Es tan grande su poder, y tan poderosa su fuerza, que no falta ninguna de ellas!” Isaías 40:26.

El apóstol Pablo, por su parte, le expresa a la iglesia en Efeso su intercesión por ellos: “Pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre glorioso, les dé el espíritu de sabiduría y de revelación, para que lo conozcan mejor. Pido también que les sean iluminados los ojos del entendimiento para que sepan a qué esperanza Él los ha llamado”. Y el apóstol Santiago nos insta a pedir a Dios la sabiduría: “Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios, y Él se la dará, pues Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie. Pero que pida con fe, sin dudar, porque quien duda es como las olas del mar, agitadas y llevadas de un lado a otro por el viento”. Santiago 1:5-6.

En el mundo actual, un mundo caracterizado por el narcisismo, en el que abundan “los sabios”, en el que muchos se erigen como autoridades expertas en diferentes temas, usurpando el campo del conocimiento de aquellos que han dedicado sus vidas al estudio. Además, en un mundo en el que pretenden mostrarnos el camino para la salud mental y el bienestar integral violando todas las leyes intrínsecas de la naturaleza, hecha por la mano divina, es necesario elevar nuestras almas más allá de nuestra propia opinión, para alcanzar la sabiduría de Dios.

“No seas sabio en tu propia opinión; más bien, teme al Señor y huye del mal. Esto infundirá salud a tu cuerpo y fortalecerá tu ser”. Proverbios 3:7.

Rosalía Moros de Borregales.

 

 

 

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