La cruz: Amor vertical y horizontal.

Si tuviéramos la tarea de resumir las Sagradas escrituras, pienso que el mismo Jesús resaltó lo que era más importante al contestarle la pregunta a aquel escriba sobre el más importante mandamiento: “Jesús le respondió: “El más importante es: “Oye, Israel: el Señor, nuestro Dios, el Señor es uno.” Y “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas.” El segundo en importancia es: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” No hay otro mandamiento más importante que éstos; los cuales describen tanto gráfica como significativamente la cruz: El amor vertical, el amor del corazón al Cielo. Y el amor horizontal, el amor del corazón al prójimo.

En esa declaración de Jesús pareciera haber cierta contradicción en el lenguaje al final de su respuesta. Por una parte, Jesús termina su respuesta usando la palabra “mandamiento” en singular. Y por otra, usa el plural “estos” refiriéndose a los dos mandamientos que ha mencionado previamente. Por lo que, sencillamente, nos afirma que ambos mandamientos se funden en uno, indivisible, el mandamiento del amor a Dios y el mandamiento del amor al prójimo. El apóstol Juan nos dice que Dios es amor y nos corrobora que el amor consiste en que Dios nos amó primero. Y a continuación nos lleva a esa realidad palpable de nuestra humanidad: “Si alguno dice: “Yo amo a Dios”, pero odia a su hermano, es un mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios, a quien no ha visto?

De tal manera que la relación con Dios no es solo una practica individual, solitaria, apartada; pues, Dios siempre nos acerca al ser humano. Así, al estar más cerca de Él nos volvemos cada vez más personas que se interesan genuinamente por la vida de otros. La cruz de Cristo es el mensaje más claro de su amor a Dios y del amor por sus semejantes. Nos muestra el camino de su rendición al Padre y la entrega completa de sí mismo por amor al prójimo.

A veces nos preguntamos cómo podemos servir a otros; el apóstol Pedro nos dice: “Cada uno ponga al servicio de los demás el don que haya recibido, administrando fielmente la gracia de Dios en sus diversas formas”.1 Pedro 4:10. Todos tenemos formas de expresar el amor que recibimos de esa relación vertical, en la relación horizontal. El amor no es solo un sentimiento hermoso que acompaña algunas relaciones horizontales. Hay otras relaciones en las que el sentimiento no necesariamente puede sentirse como un sentimiento; sin embargo, se manifiesta en nosotros como ese deseo de cumplir una misión que traiga bienestar a otros.

La oración nos acerca a Dios y nos impulsa a interceder por otros, nos inspira a trabajar en función de un bien que trasciende las fronteras del ego para bendecir también a otros. No se trata de las llamadas obras de caridad, las cuales de alguna manera siempre benefician a diferentes grupos de personas. Se trata de vivir en el quehacer cotidiano con la perspectiva de dar, de darnos. Como lo expresara San Ignacio de Loyola: “Señor, enséñame a ser generoso. Enséñame a servirte como te mereces; dar y no calcular el costo, luchar y no hacer caso de las heridas, esforzame y no buscar descanso, trabajar y no esperar recompensa, sino la de saber que hago tu voluntad”.

Podemos notar que esta oración ni siquiera menciona dar dinero/bienes u hospitalidad los cuales también son formas de generosidad, sino que se concentra en darse a sí mismo, como lo expresa el apóstol Pablo en su epístola a los Romanos 12:1-2. “Por tanto, hermanos míos, les ruego por la misericordia de Dios que se presenten ustedes mismos como ofrenda viva, santa y agradable a Dios. Este es el verdadero culto que deben ofrecer. No vivan ya según los criterios del tiempo presente; al contrario, cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir y lleguen a conocer la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le es grato, lo que es perfecto”.

El mundo actual ha cambiado el amor personal por una mentalidad narcisista. Muchos piensan que al ser el “centro de la atención” de otros se están amando a sí mismos. Desafortunadamente, muchos exponen lo más preciado de su ser, sus almas, entregando sus vidas a corrientes de pensamientos contrarios a la naturaleza que Dios creó. Toman caminos radicalmente opuestos a su esencia. El amor propio conlleva primero aceptación de quién soy, no de acuerdo a las diferentes corrientes que pretenden transformar el pensamiento en caprichos obscenos sino de acuerdo a lo que Dios proveyó en el ser de cada uno.

Desde la perspectiva bíblica el amor propio radica en buscar día y noche el conocer lo que es bueno, lo que le es grato a Dios, lo que es excelente delante de sus ojos. Es buscar con tenacidad el camino del dominio propio. Es buscar el camino que engrandece el alma, que exalta lo bueno, lo puro, lo amable, No podemos amar a otros si hemos tomado las peores decisiones para cuidar de nosotros mismos. No podemos amar a otros si nuestro proceder resulta en detrimento de nuestra salud mental, espiritual y física.

San Ignacio solo esperaba la recompensa de hacer la voluntad de Dios. Seguramente la raíz de nuestros problemas radica en querer hacer con nuestras vidas lo que nos da la gana, alejándonos del verdadero propósito para el cual hemos sido creados; el cual es en primer lugar, amar a Dios. En segundo lugar, amarnos a nosotros mismos y en tercer lugar, amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Por esa razón, Jesús le dijo a sus discípulos que cada uno debía tomar su propia cruz, la relación vertical con el Padre y la relación horizontal con el prójimo.

Al mirar al Cielo comprendo que soy obra de Sus manos, creada para Su gloria, para disfrutar plenamente de toda la creación. Cuando miro a la Cruz comprendo el gran amor con el cual Jesucristo me amó. Al sentirme amada por Él comprendo mi valía, entiendo que soy la obra maestra de sus manos; entonces soy capaz de amar a mis semejantes con el mismo amor que me ha dignificado.

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.”

S. Juan 3:16-17.

Rosalía Moros de Borregales.

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  • La cruz, la entrega que es darse al otro, algo tan necesario en nuestros días y muy bien recordado a través de este artículo, animó y no pares

  • A
    Diana Moros.

    Que hermoso hermana Rosalía. Vivir para amar y amar para vivir. Alcemos nuestros brazos hacia el cielo dando gracias por Su amor y extendamos nuestros brazos para abrazar con Su amor, entonces EL estará abrazando a través de nuestros brazos y Su amor se fundirá con el nuestro para ser uno sólo, envuelto en gratitud, profunda satisfacción del alma. Ayúdanos a amarte y amar en esa forma auténtica. Gracias Señor Jesús.

    Diana Moros.

  • A
    Lilia Larre.

    Hermoso y profundo análisis del amor a Dios y al prójimo 🙏
    Gracias Rosalía!!!

    Lilia Larre.

  • A
    Tonia Martínez.

    Que hermoso , profundo y verdadero el significado de la Cruz y el Amor Vertical (del corazón al cielo) y amor horizontal ( del corazón al prójimo).
    Tonia Martínez.

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