Recuerdo claramente el día en el cual Dios comenzó a ser más real en mi vida. Era una incipiente adolescente, comenzando el bachillerato, allá en el Colegio Nuestra Señora de Las Nieves, en Ciudad Bolívar. La hermana Directora me había escogido para leer las lecturas antes del evangelio en la misa que una vez a la semana celebrábamos en la gran capilla; no sé si todo el colegio, pero de seguro, si todas las estudiantes de secundaria. Me saltaba el corazón a toda velocidad ante tal desafío. Recuerdo que al subir al altar sentí una gran reverencia y, al mismo tiempo, una paz increíble que calmó mi acelerado corazón desde el instante que fijé mi mirada sobre aquel inmenso libro y comencé a leer en I Samuel 3.

En este capítulo se narra la historia del hijo de Ana, aquella mujer piadosa que no podía tener hijos y fue a la iglesia a derramar su corazón a Dios. Cuando su bebé llenó su hogar de gozo, ella no olvidó su promesa a Dios y lo llevó al sacerdote Elí para que Samuel sirviera a Dios. Una noche, ya dormido, Samuel escuchó una vez que le llamaba: _Samuel, Samuel. Entonces, corrió donde estaba Elí y le dijo: Estoy aquí, respondiendo a tu llamado, dime. A lo que Elí le respondió que él no lo había llamado, que volviera a dormir. Tres veces seguidas Samuel escuchó la voz llamándole y fue a la presencia de Elí. A la tercera vez Elí le dijo: “Vuelve a acostarte y si alguien te llama, respóndele: Habla, Señor, que tu siervo escucha”.

Al regresar a su habitación y quedarse dormido, de nuevo escuchó la voz que le llamaba: _Samuel, Samuel. Con mucha reverencia y amor Samuel le contestó tal como Elí le había instruido. Desde aquel día Samuel vino a ser el profeta de Dios para Israel. Recibía palabra precisa de acontecimientos que vendrían y de la actitud que debían tener los israelitas. Quedé absorta por la historia, olvidé que estaba allí ante aquella numerosa audiencia y cuando terminé de leer, me di cuenta que las lágrimas rodaban por mis mejillas. Me sentía realmente conmovida. Algo muy particular sucedió dentro de mí con tan solo hacer aquella lectura. De alguna manera quise ser Samuel para escuchar el llamado de Dios. De alguna manera misteriosa Dios me habló. De alguna manera se despertó en mí el ferviente deseo de leer la Palabra de Dios, de saber más.

Doy gracias a Dios porque nuestros padres buscaron a las personas más idóneas para educarnos; porque le dieron importancia al hecho de hacernos pertenecer a una comunidad estudiantil cuyo fundamento es el cristianismo, siempre bajo su mirada cautelosa, bajo su cuidado directo en el hogar, enseñándonos e inculcando la verdad. Doy gracias porque desde muy temprano estuve rodeada de gente que amaba y servía a Dios. Aquella voz se quedó grabada en mi: _Rosalía, Rosalía. Todos los días le respondo como Samuel, todos los días le pregunto de qué manera puedo servirle. Todos los días le entrego mi ser y le pido que de alguna manera pueda ser aunque sea un pequeño lucero en este mundo, un poquito de sal que impida la corrupción de nuestras almas.

He llorado recordando esta historia, mientras escribo quedo admirada de cómo aquel contacto con la Palabra de Dios, la Biblia; con aquella sencilla y al mismo tiempo, contundente historia, dejó una huella indeleble en mi ser. Y la motivación detrás de esta narración es expresarles cómo, precisamente, el poner a nuestros hijos en contacto con la Palabra de Dios puede impactar sus vidas de una manera positiva, trascendente; además, puede darles herramientas para protegerlos del mal. Creo que por esa razón Jesucristo se indignó cuando supo que los discípulos estaban tratando de alejar a los niños que eran traídos a Él, y les dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios.De cierto os digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él. Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía”. Marcos 10:13-16.

Hoy, cuando hay tantas amenazas sobre la vida de los niños, pienso que lo primero que debemos hacer es traerlos a Jesús. De seguro Él los tomará en sus brazos, pondrá sus manos sobre ellos y les bendecirá la vida. La película estadounidense titulada «Sound of Freedom”, Sonido de libertad en español, está basada en hechos reales.  Cuenta la historia de Tim Ballard, un ex agente del gobierno de los Estados Unidos que fundó una organización llamada «Operation Underground Railroad» (OUR), interpretado por Jim Caviezel, el inolvidable Jesús de la película de Mel Gibson, La pasión de Cristo.  Caviezel muestra los esfuerzos de Ballard junto a su equipo, para rescatar a niños víctimas de tráfico sexual en todo el mundo.

Ballard y su equipo trabajan encubiertamente para infiltrarse en redes de tráfico sexual infantil, con la finalidad de rescatar a los niños y llevar a los perpetradores ante la justicia. «Sound of Freedom» destaca los horrores del tráfico de personas, el oscuro mundo de la esclavitud sexual infantil, los horrores de los traumas y heridas en los niños abusados, así como el compromiso de aquellos pocos que luchan por poner fin a esta atrocidad. La película busca crear conciencia sobre el problema del tráfico de personas y la explotación sexual de menores, además de inspirar a las personas a unirse a la lucha contra esta forma de criminalidad.

Además de esta terrible amenaza que se cierne sobre todos nuestros niños, sabemos de la gran cantidad de vidas de jóvenes que han sido cercenadas debido al uso del Fentanilo, un potente analgésico, opioide sintético; el cual ha sido utilizado para tratar el dolor intenso, como el que se experimenta después de cirugías mayores o en pacientes con cáncer. Sin embargo, el fentanilo también es un medicamento altamente adictivo, por lo que representa un gran peligro para la vida cuando se usa incorrectamente. En los últimos años, se ha convertido en un problema de salud pública en los Estados Unidos, debido a su uso, supuestamente recreativo. Las autoridades se encuentran en una lucha contra la producción y distribución ilícita del fentanilo en forma de droga ilegal. Las sobredosis de Fentanilo son altamente mortales, ya que este opioide puede causar una depresión respiratoria severa.

Por otra parte, cada vez se hacen más visibles los numerosos casos de pedofilia sufridos por miles de niños y adolescentes que fueron abusados por quienes tenían el deber de cuidarlos. Un mal tan antiguo como la humanidad que no deja de estar infiltrado y maquillado de bondad. Además, también están las poderosas redes de pornografía infantil financiadas por millonarios del mundo, las cuales circulan en la llamada “internet oscura”. Se dice que las agencias policiales de diversos países trabajan mancomunadamente para identificar y perseguir a los delincuentes dedicados a este terrible mal. Se han desarrollado tecnologías muy avanzadas para identificar y rastrear contenido ilegal. Esto incluye sistemas de reconocimiento de imágenes y software de inteligencia artificial que pueden detectar y categorizar automáticamente material de pornografía infantil; sin embargo, muchas veces las redes sociales se ven infiltradas por este espantoso mal.

Como si fuera poco, a parte de todas estas amenazas reales, hoy en día la familia puede llegar a convertirse en el primer enemigo de los niños con todo el lavado de cerebros que se está llevando a cabo por un movimiento mundial sobre el tratamiento para la disforia de género. La Disforia de género es el término usado médicamente para una profunda sensación de incomodidad y angustia que puede ocurrir cuando el sexo biológico no coincide con la identidad de género. En otros tiempos la ayuda psicológica era la piedra angular en el tratamiento para personas con Disforia sexual, en la actualidad aún cuando un niño o adolescente no presente este tipo de angustia, se les inculca que pueden escoger el sexo que quieran ser. Una inducción cruel a tomar una decisión cuya madurez mental no puede afrontar.

Los tratamientos médicos que se están aplicando bajo la mirada permisiva de las autoridades son la terapia hormonal para impedir la evolución de los rasgos del sexo biológico. También se están llevando a cabo cirugías de reasignación de género para supuestamente alinear al cuerpo con la identidad de género de la persona. La cirugía de reasignación de género puede incluir la modificación de genitales, senos u otros órganos secundarios. Hay testimonios expresos de adolescentes que fueron víctimas de esta filosofía perversa y luego de algunos años el daño mental del que se sienten presa es literalmente como sentirse atrapados dentro de sus propios cuerpos “transformados”.

No podemos quedarnos de brazos cruzados, tenemos una responsabilidad irrevocable ante el futuro de nuestras generaciones. Debemos levantar nuestra voz y apoyar a aquellos que hacen grandes esfuerzos para ser luz de este mundo y sal de la Tierra. Lo primero que debemos hacer es amar a nuestros hijos y nietos, el primer fundamento de la vida de todo ser humano es sentirse amado y valorado por los suyos. Luego, debemos inculcar valores, enseñar a nuestros niños la belleza que hay en aceptar su ser, tal como Dios lo trajo a este mundo. Ser modelos para ellos, ofrecerles un hogar donde puedan crecer en un ambiente de confianza, rodeados de amor. Velar por sus vidas y cuidarlos de todos los depredadores que acechan contra ellos.

“Instruye al niño en su camino, y aun cuando sea viejo no se apartará de él.” Proverbios 22:6.

Rosalía Moros de Borregales.

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  • Cecilia Moros M.

    Felicitaciones por ser una persona tan maravillosa que no se rinde ante las dificultades, sino que persevera y cree que Dios está de su lado cuidando de que se cumplan todos Sus Propósitos! 👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼

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