Ha llegado el mes de diciembre, de una u otra forma las personas en todo el mundo sienten algo especial. ¡Es el milagro de la Navidad! Seas creyente o no, esta época del año te transmite mensajes de acercamiento a tus familiares y amigos, compartir momentos de alegría, dar de nuestro tiempo, del trabajo de nuestras manos convertido en una deliciosa comida, en una obra de arte, en unas letras plasmadas en una tarjeta. Dar regalos que quizá no hemos dado en el resto del año. Dar y recibir demostraciones de afecto, de cariño, de verdadero amor de nuestra familia, de amigos de la vida, de colegas. En fin, la Navidad eleva nuestras emociones más positivas y profundiza nuestros sentimientos más significativos y trascendentes.

Por otra parte, ya desde finales del mes de noviembre comenzamos a ver decoraciones especiales, llenas de brillo y de luz. Ciudades enteras, pueblitos, instituciones, centros comerciales, tiendas y nuestras casas se visten con una decoración que mezcla creencias, costumbres, fábulas y cuentos que traen gozo, alegría y sobre todo esperanza. Nos sentimos capturados por una atmósfera de belleza, creatividad y un extraordinario sentimiento de hermandad. Pero, ¿Cuál es realmente la razón de la Navidad? ¿Por qué la celebramos? y ¿cuál es la fuerza tan poderosa de su mensaje que hace que personas de otros credos se unan junto con toda la cristiandad a esta celebración?

El apóstol Lucas, autor de uno de los cuatro evangelios que se encuentra entre los libros del llamado Nuevo Testamento en la división de la Biblia, expresa en el capítulo 1 como él, médico de profesión (Col.4:14), “investigó con diligencia todas las cosas desde su origen”; a fin de que pudiéramos conocer la verdad de los asuntos en los cuales hemos sido instruidos. En este caso, para que sepamos todo lo relativo al nacimiento de Jesucristo.

Lucas, en su carácter de médico, entrenado en descubrir la verdad, experto en buscar y estudiar historias de enfermedades comparándolas con otras de reportes similares, hizo el mismo procedimiento en la tarea de evaluar los muchos documentos que narraban la historia de Jesús, hablando con los testigos oculares de los hechos y escribiendo detalladamente sus historias. Su investigación no fue un procedimiento rápido y amarillista para publicar lo que los especuladores decían. Lucas estuvo con muchos de los discípulos de Jesús y recibió de primera mano sus testimonios, los estudió cuidadosamente y los contrastó con los primeros manuscritos de la vida de Jesús.

Se presume que Lucas entrevistó a la misma María, la madre de Jesús, y no solo escribió sobre Jesús sino sobre lo que sus discípulos hicieron después de Él, narrativa que se encuentra en el libro denominado Los hechos de los apóstoles. Uno de los hechos que resaltan en la investigación de Lucas es que su trabajo final está dirigido al “excelentísimo Teófilo” quien, según los historiadores, podría haber sido un oficial romano, abogado, o un sacerdote judío, a quien le dice que ha escrito su investigación para que tenga certeza de todo lo que ha sido enseñado acerca de Jesús. Lo que supone que aunque Teófilo hubiera sido un romano o un judío, éste había aprendido sobre Jesús y tenía cierta influencia, la cual Lucas quería asegurarse continuara ayudando a esparcir el mensaje de Cristo, ya que se esmera, como un buen escritor, a investigar sobre los hechos y a tener contacto directo con los que caminaron al lado de Jesús.

Partiendo de la veracidad histórica de los evangelios y, en especial, del evangelio según San Lucas, podemos conocer los hechos referentes al nacimiento de Jesús, lo cual es, en definitiva, el hecho que celebramos en la Navidad. La palabra Navidad proviene del latín “nativitas” que literalmente significa “nacimiento”. La institución de la Navidad como celebración cristiana se atribuye al emperador romano Constantino el Grande en el siglo IV después de Cristo. Fue el Concilio de Nicea en el año 325 que estableció la fecha del 25 de diciembre como el día oficial, según la iglesia Católica, para celebrar el nacimiento de Cristo, aunque esta fecha es desconocida. La Biblia no nos habla claramente de la fecha del nacimiento de Jesús.

Lo que si nos narra la Biblia son los hechos de este acontecimiento que aunque estuvo rodeado de eventos extraordinarios, sobrenaturales, fue muy sencillo. Y es precisamente, esa sencillez la que ha cautivado los corazones de la humanidad. Lucas nos explica que cuando Elisabet, la prima de María, la madre de Juan el bautista, tenía seis meses de embarazo, entonces aconteció que el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, y se le apareció a una mujer virgen, quien estaba comprometida para casarse con un varón que se llamaba José, quien era descendiente de la casa del rey David.

Al verla, el ángel le dijo: ¡Salve muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tu entre las mujeres. Ella quedó conmocionada por sus palabras y pensando por qué la había saludado de esa manera; seguramente María, no se sentía nadie especial. Pero el ángel le dijo: “María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin”. Lucas 1:26-31.

Entonces María dijo al ángel “¿Cómo será esto? pues no conozco varón. Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual el santo ser que nacerá será llamado Hijo de Dios.” Además, el ángel le dio la noticia a María sobre el embarazo de su prima Elisabet: “Y he aquí tu parienta Elisabet, ella también ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes para ella la que llamaban estéril; porque no hay nada imposible para Dios”. A lo cual María contestó diciendo: “He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra”. Y el ángel se fue de su presencia.

Podemos leer una y otra vez esta historia y quizá para muchos suene a fábula o ficción. Lo cierto es que la contundencia de aquel acontecimiento ha redundado hasta el día de hoy. La respuesta de María, su Si a la voluntad de Dios, ha bendecido a la humanidad hasta el presente. Toda la narración del apóstol Lucas en los capítulos 1 y 2 de su evangelio es realmente hermosa. Por cierto, que si Ud. lee un capítulo de este evangelio cada día de este mes de diciembre, el día 24 lo habrá terminado y habrá leído la vida entera de Jesús, hasta su resurrección y su aparición a los discípulos del camino de Emaús y todas las demás apariciones que tuvo a sus discípulos antes de subir al Padre. Un ejercicio espiritual para ahondar en el fundamento de su fe, llámese Ud. católico, evangélico, protestante, anglicano, luterano, bautista o cualquier otra denominación dentro del cristianismo. Porque sin JESÚS no hay cristianismo.

La historia continúa diciéndonos que María y José fueron de Nazaret a Belén para cumplir con el empadronamiento promulgado por Augusto César, gobernador romano  en Galilea. Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. Y María dio a luz a su hijo primogénito, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada. Mientras esto sucedía, en aquel lugar para transeúntes, donde no pudieron alojarlos y terminaron en el lugar destinado a los animales; en otro lugar cercano, en pleno campo, unos pastores recibieron una extraordinaria visita de otro ángel, o quizá el mismo, y junto con el ángel un gran resplandor los rodeó y se llenaron de temor, pero el ángel les dijo: “No temáis porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor”. Lucas 2:11.

Y esas palabras del ángel son, precisamente, la razón de la Navidad. Celebramos la Navidad porque hace 2023 años nos nació un Salvador, Cristo el Señor. Y cada Navidad nos recuerda que así como fue recibido en un humilde pesebre, tan solo necesitamos volver nuestro corazón humilde para que El nazca en nosotros. Y de la misma manera que la multitud de huestes celestiales que se unieron al ángel enviado a los pastores exclamaron, también tu y yo podamos decir junto con ellos: “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la Tierra paz para con los hombres de buena voluntad”. Lucas 2:14.

¡Esta es la razón de la Navidad: Que nos ha nacido un Salvador, Cristo el Señor!

Rosalía Moros de Borregales.

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  • Diana Moros

    La historia del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo es tan hermosa como emocionante, me llena de tanta alegría y admiración porque nos deja ver Su sencillez y Su Gran Amor, todo para luego dar Su vida en una cruz, derramar Su Sangre preciosa para el perdón de nuestros pecados y darnos vida eterna.
    La gratitud invade mi corazón, me llena hasta sentir dentro de mi Su plenitud.
    Gracias Rosalía por este bello artículo.

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