El espíritu en la piedra.

Dedicado a Andrés Eduardo.

Me embarga un sentimiento muy profundo, un sentimiento pleno que pareciera desbordar mi corazón como una copa servida hasta el límite. A veces los sentimientos sobrepasan lo que nuestra mente puede explicar, lo que nuestro pecho puede contener; es como si literalmente, nos doliera el corazón.

Escribo y realmente no se si publicaré estas letras; es un momento íntimo de mi alma. Al mismo tiempo, recuerdo todas las veces que ciertos lectores me han expresado que son, precisamente, los escritos de experiencias propias los que más disfrutan; quizá porque a pesar de no conocernos, a través del recorrido por las letras también recorren una parte de mi humanidad y se identifican con ella.

Hemos estado recorriendo algunos  lugares con nuestro hijo Andrés. Tenemos solo dos hijos, cada uno en un continente diferente. Gracias a Dios por cada reencuentro; el de los últimos días ha sido una experiencia de amor que ha acariciado mi alma con ternura de terciopelo. Es maravilloso cuando vemos las flores del jardín que hemos cultivado expresando su belleza en sus propios colores, formas y aromas. Nos conmueve, nos expande el corazón en gratitud el sentirnos amados por quienes han sido el objeto de todo nuestro amor.

Recorremos pueblos muy antiguos enclavados en medio de parajes montañosos, agrestes, que han resistido guerras, saqueos y abandonos. En uno de ellos cuyo nombre nos eleva al Cielo, pues se llama Scala Dei, que en Catalán significa Escalera a Dios, visitamos el monasterio de los Cartujos, La Cartoixa de ScalaDei del siglo XI. En gran parte ruinas de lo que un día fue un paraíso terrenal por sus inmensas edificaciones y por sus preciosos jardines. Sin embargo, restaurada con manos amantes, con respeto a lo que esas piedras un día albergaron.

Son reminiscencias de una vida de contemplación, reflexión, sacrificio y, en mi pensamiento, persevera la idea de  búsqueda; de esa búsqueda de cada hombre por encontrarse con su Creador y por encontrar su propósito de vida. Siempre admiro la búsqueda de Dios, los lugares dedicados a Dios y el arte inspirado en el cristianismo, porque una y otra vez todo esto nos muestra el deseo del ser humano por relacionarse con el Alto y Sublime.

Sin embargo, me pregunto por qué tantos años de encierro, alejados del mundo; aunque lo respeto profundamente. Entonces, pienso en Jesús, en su gran comisión, en todo lo que nos enseñó con su vida. Y pienso también en la libertad de cada ser humano para hacer su búsqueda de la manera que cada quien decida.

Los evangelios nos revelan que Jesús se levantaba muy temprano, antes del amanecer, para ir ante la presencia de su Padre y era su mejor manera para enfrentar cada día con todo su afán. La oración, la adoración, la contemplación y la alabanza; en fin, la comunión con Dios, lo preparaba para ofrecerle a las multitudes el amor del Padre con sus milagros de sanidad y las revelaciones de Dios para la vida de los que estaban atados con cadenas espirituales del mal. Por esa razón, no se fue a un lugar apartado para quedarse allí. Su cercanía con Dios tenía dos manifestaciones palpables: La comunión directa con el Padre y la comunión con la gente para traer bien a sus vidas.

Al caminar en medio de las piedras con el frío del invierno calando en nuestros huesos, a pesar de todo el atuendo; es como si el frío concentrado en aquella antiguas paredes y pisos de piedra se colara en nosotros. De repente, un abrazo familiar, necesario para entrar en calor, nos revela el espíritu en la piedra. Nuestro hijo nos pide un momento de tranquilidad, pone en su celular una música sacra y luego nos abraza elevando una oración al Cielo, a Dios, a Dei, a nuestro amado Señor. El calor tibio de su oración nos baña con esa hermosa sensación de sentir la presencia de Dios. Él está allí, manifestándose a nosotros, haciéndonos sentir plenos de amor. Una vez más comprobamos que El se deja encontrar por quienes le buscan, es el Espíritu que nos da vida en medio de la dureza de las aflicciones del mundo, es el espíritu en la piedra.

Rosalía Moros de Borregales.

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  • Jorge Moros

    Querida Rosalía, Tienes un verdadero don para escribir. Siempre nos tocas el alma con tu sinceridad y elocuencia!

  • Luisa Lara

    ¡Que belleza de escena describes! Es la verdadera elevación del espíritu al compenetrarse con el pasado, el presente y el amor, a la vez. Me sentí caminando entre las piedras camino al cielo, no importa el clima, es la conexión con Dios y su legado de libertad.

  • Monica García

    Gracias por compartir ese momento tan íntimo y especial. Que hermoso regalo es el escuchar a un hijo alabando al Señor y aún más hermoso al invitarlos a ustedes a ser parte de eso, nos llena de gozo, de felicidad pero sobre todo nos llena de esa energía interna que nos ayuda a seguir adelante y decir Gracias Señor por tu Gracia Divina y por escuchar nuestras oraciones. Bendiciones🙏

    • Cecilia Moros

      Amo a tu hijo Andrés con todo mi corazón! Él ha buscado a Dios a su propia manera y Dios ha estado allí guiándolo, entendiéndolo, respetando su manera de hacerlo, escuchándolo y revelándosele…Sólo Jesús nos puede revelar al Padre porque Jesús es es el Camino que nos lleva a ÉL! Nuestro Padre celestial es nuestro Destino… Y qué Destino…. No hay ninguno mejor!
      Gracias por esta narración tan hermosa!!! Te amo amada hermana! 🥰❤️

  • Diana Moros

    Lo más hermoso que podemos experimentar como hijos hechos a la imagen de Dios, es precisamente, el de la comunión o comunicación interior, intimidad, relación; es esa oración a su debido tiempo, es ese aliento en la voz con la palabra de amor y agradecimiento, es esa expresión como manifestación auténtica de lo que dejó la enseñanza de papá y mamá.
    Gracias hermana, lo que sembramos cosechamos.
    Un retrato verídico de cómo se cumple La Palabra.

  • Ana Isabel

    Qué momento tan hermoso y conmovedor… Claro que es una maravilla leer esas experiencias sacadas de tu propia historia.
    Recordaré siempre tu frase donde afirmas que queda comprobado que “Él se deja encontrar por quienes le buscan”. Eso me llena de esperanza y amor. Siempre es grato leerte. Gracias.

  • Lilia larré

    Hermoso artículo y más bella experiencia!! Gracias por compartirla y nutrir también nuestros corazones ♥️ los padres que criamos con el amor de Dios ante todo, cosechamos buenos frutos 🙏♥️

  • Tus palabras siempre me llegan al alma! Gracias por compartir el hermoso y sagrado momento que vivieron con uno de sus hijos! Dios se manifiesta de múltiples maneras pero siempre en forma de Amor!! Bendiciones para ustedes!! Lqm Dlb 😘🙏🏻🙏🏻🙏🏻

  • Gracias Rosalia me encantó!!!!

  • Eduardo Moros

    Que bella experiencia. Los hijos nos sorprenden mucho cuando de repente vemos frutos en ellos de semillas que sembramos mientras los criábamos. Muchas veces pensé que lo que les enseñaba era en vano por otros comportamientos negativos que veía en ellos, pero con los años empecé a ver frutos, a veces repitiendo las mismas palabras o conceptos que les decía. Esa oración de Andrés Eduardo fue precisamente un fruto de semillas germinadas y árboles crecidos.

  • N. Elizabeth

    Solo el amor de DIOS y nuestra fe y confianza puestas en El ablandan esa dura piedra que es la vida.

  • Migdalia Herrera

    Conmovedor relato, me llegó al corazón, que bonito todo lo que describes, Dios esta en tu corazón y en la de tu familia, bendiciones Rosalía, gracias a tu esposo por compartir este lindo texto en nuestro grupo de médicos, un abrazo cariñoso ❤️🙏

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