El sufrimiento vivido por nuestra nación en el terremoto del 24 de junio y los días posteriores va más allá de la comprensión humana. Todas las palabras para expresar el dolor se quedan cortas, se hacen insuficientes. De igual manera, cuando queremos expresar empatía, solidaridad y consuelo sentimos que nuestra lengua es como un ave cuyas alas han sido cortadas. Queremos remontarnos en los cielos, volar muy alto y mostrar un arcoíris de colores esplendorosos; anhelamos poder transmitir en cada palabra el inmenso sentimiento que no nos cabe en el pecho para abrazar a nuestros hermanos venezolanos. Pero, nuestro deseo se hace infructuoso porque nos encontramos frente a una devastación sin nombre. Sin embargo, más allá de las palabras hay un lenguaje que hemos escuchado, que hemos visto y palpado desde las ruinas.
El lenguaje del dolor, cuando el alma se desgarra ante la perdida, cuando cada lágrima se convierte en una oración, cuando el llanto se ahoga en la garganta y se convierte en fuerza pura capaz de mover escombros con las manos en la búsqueda desesperada. Es el lenguaje de la solidaridad que expresa el sentimiento del alma hermanada ante la impotencia frente a un gigante que nos ha aplastado. Cuando las manos desnudas levantan piedra tras piedra el silencio se convierte en un clamor por la vida; y cuando la vida es hallada no hay ninguna fortuna en la Tierra que pueda igualar la alegría y el sosiego.
Cada rescatista, desde aquel con improvisados instrumentos hasta el entrenado y capacitado con los más sofisticados equipos, todos, han hablado un lenguaje que traspasa fronteras; un lenguaje que despedaza las diferencias humanas y solo escucha al corazón. La voz que nos inspira a hacer el bien. La voz que algunos poderosos ahogan, la voz que millones elevan clamando compasión; la voz que no ha sido escuchada por años y años. La voz que hoy cada piedra grita, la voz que retumbará por días infinitos.
Porque la esperanza no entiende de imposibles, no tiene preguntas, tampoco sabe de rebuscadas respuestas; la esperanza late al ritmo del corazón, es la fuerza de la vida misma que impulsa a un ser humano debajo de los escombros a elevar su mirada al Cielo, a creer en lo imposible, a esperar con la calma inconmovible de la posibilidad convertida en fe, aunque alrededor todo sea oscuridad. La esperanza es el lenguaje que le da alas al alma atrapada para llegar hasta la tierra o hasta el cielo…
Como las cuerdas del violín en una canción triste, la desolación en tonos agudos y penetrantes nos ha herido el corazón. Ahora todos somos almas heridas, marcados por el dolor. Ahora todos tenemos el oído agudizado al lenguaje del amor. Es la bondad que hemos presenciado. La bondad de un mundo que nos ha tendido la mano, nos ha enjugado las lágrimas, nos ha rodeado con un abrazo cada vez más fuerte, mientras los días iban pasando y perseveraban incansables ante el latir de la vida.
Es el lenguaje que habla el sufrimiento, una lengua común a cada nación; aunque cada una con diferentes tipos de opresión. Es el lenguaje de la vida que se apaga, el final que cada ser humano algún día tendrá. Es el volver al polvo que todos somos sin ninguna distinción.
“El SEÑOR sana a los quebrantados de corazón y venda sus heridas.”
Salmo 147:3.
Rosalía Moros de Borregales



Leonardo
Claro como el agua, ver cómo esta tragedia nos ha unido como hermanos, sin distinción . Ver cómo el mundo nos ha tendido la mano, y ser testigos de milagros que han ayudado a nuestra fe.
Maria Corina
Todo lo mencionado me conmueve y le doy gracias a Dios por todas estas personas que nos enseñaron quien es Dios, a través de ellos lo vimos haciendo cosas inimaginables con un ímpetu que solo EL le da a alguien poder ejecutar!!
Bendice a todos en Venezuela, que te conozcan y podamos ser instrumento para ayudar a todo aquel que lo necesite!! Ayúdanos a desmantelar todos y cada uno de los malos que nos rodean y te doy las Gracias infinitas por mi familia por mis amigos que están bien y te ruego que podamos salir de esta tragedia Los Venezolanos siendo todavía mejor.
Venezuela, Dios nos bendiga
Diana Moros
Que hermoso es cuando del corazón puede fluir el amor, si, la esperanza no ve obstaculos, no ve impedimentos, sólo ve las posibilidades de encontrar una vida a quien darle la mano, de ser util aunque parezca que no hay nada que hacer, pero siempre hay algo y mucho por hacer cuando el corazón está dispuesto.
Gracias damos a Dios por cada milagro, casi que cada vida es un milagro, porque es inexplicable como.muchos han salido de debajo de los escombros aun con fuerza, aun con ánimo.
Gloria a Sios!!+
Tamara Ordoñez
Gracias querida Rosalia por plasmar con tú pluma el sentir de millones de corazones, sí hoy estamos dolidos, rotos más nuestro Dios, Dios de toda consolación nos abraza tiernamente y enjuga nuestras lágrimas diciendo Yo siempre les amo y sustento con la diestra de mi justicia, gracias por cada uno de tus escritos.